viernes, 19 de febrero de 2010

Introduccion: a una historia de amor inventada.

Ella cumplía treinta. Arrastraba 30 años sobre su piel adobada de experiencias, sus ojos vieron pasar 30 años, pero su mirada nunca dejó de ser la de sus dulces 16. Había atravesado todas las etapas que una mujer de su edad y época tenía que cumplir: la escuela, la universidad, el posgrado, un trabajo destacado. Creía en Dios (y también todos los que la veían), enseñaba a niños pobres, practicaba yoga, cantaba en un coro solidario. Gustaba del cine arte, lloraba en la ópera y reía en los teatros under de la ciudad. Había sido novia devota y hasta tenía una historia donde le habían roto el corazón. Como él, víctimas los dos de esta ciudad, donde el corazón necesariamente se rompe o se endurece.

Él no se había graduado, no tenía masters, posgrado, MBAs, ni un trabajo destacado. Era de corazón solidario para los más necesitados, aunque sólo juntara tapitas para el Garraham. Íntimo amigo de Dios, cambió el yoga por el gimnasio, cantaba a veces, sólo a veces, en la ducha, lloraba cuando sentía muy dentro alguna zamba o chacarera, tocaba la armónica mejor cuando estaba triste, nunca fue al teatro, amaba el cine y se avergonzaba de su forma de comer pochochos. Fue novio fiel, infiel, engañado y engañador. Generoso en sentimiento, generoso en sonrisas, altruista, siempre que dio nunca volteó la cara para no ver en el ayudado la vergüenza de pedir…

Sus almas moraban con los vientos en los cerros andinos, ese viento que enrojece mejillas y llena pulmones de pureza. A ella, compañera de montañas y montañistas, ya no había cumbre que la intimidara. Sin embargo, el destino la había llevado a la gran ciudad donde en los últimos once años se había vuelto de una adolescente fresca y tierna a una mujer aguerrida, pero que no perdía su toque de espontaneidad, alegría, inocencia y distracción absoluta. Gracias a los dioses ella nunca olvido de qué estaba hecha.

Ella y sus treinta en el bolsillo de su jean Tucci se encontraban tomando un te especiado en una madrugada donde el calor abrasador, avivaba el clima, las pasiones y la noche de la ciudad, en que los últimos se disponían a embarcarse en el sueño reparador. Se preguntaba, ella, cómo haría para superar su última distracción: no había anotado la dirección de su partener nocturno y no sabía cómo contactarlo, ni encontrarlo a esa hora de la madrugada.

Por suerte la misma tecnología que se negó a juntarlos, arrepentida, permitió el encuentro.

Remediada la situación, él llegaba, meticulosamente despeinado, perfectamente desalineado a la moda, a su encuentro. Sus 23 años cargados en su sonrisa. Perfumado con la seguridad de un dandi, que nunca fue. Él se mostraba suelto aunque probablemente un poco inquieto, producto de la ansiedad por lo que iba a encontrar. Ella lo esperaba pensando qué tenía que hacer una chica a la madrugada esperando a un extraño que descaradamente la había encarado desde detrás de una barra de un bar. Sólo una respuesta ameritaba: su inexplicable tendencia a terminar en situaciones impensadas para el estándar de una chica como ella, movida simplemente por la gracia y el placer que le generaba una situación disparada por la ocurrencia asociada a la risa y la alegría y el extraño saber de lo exótico. Exótico, adjetivo que a nadie le cabía mejor que a Él.

Él no paraba de hablar de sus hazañas amatorias, de sus noches de alcohol, de sus noches de alegrías, de sus viajes a los catorce años, de sus controles y descontroles. Ella pensaba qué hacía con esos treinta años inocentes al lado de ese pendejo, de sólo 23 años, amante del vértigo de la vida.

El vivía con los pies en su vereda, el cuerpo en la noche porteña aunque el alma perdida en aquellas empolvadas calles de tierra de su infancia y el corazón junto a sus sueños… allá en las nubes. Ella vivía con el alma apegada a las solitarias y calladas montañas pero escuchaba con atención científica cada uno de sus relatos sobre el ruidoso mundo nocturno de Buenos Aires.

Vaya historia cargada de nostalgias, de amores perdidos, corazones rotos. Esta historia recién comienza, nadie sabe cuánto durará… y si acaso ya no importa, siempre y cuando la condición sea que cada día de historia transcurrido sea disfrutado como el último…

Dos personas semejantes, iguales en su abismo de diferencias… no hablan de amor, no hablan de compromisos a cambio, si lo sueñan. Pero vamos, no son ellos los encargados. Él nunca negaría a belleza tal, su cuerpo, sus besos, sus caricias, sus sonrisas, mucho menos su oído. Es que por más distintos que hoy sean, están benditos por lo mismo: venir de allá, del interior, donde los ojos ven más, los oídos escuchan todo, la risa es más fuerte, es más sincera... y el alma más pura siente de verdad.

Señora de las tres décadas no he alcanzado siquiera mi cuarto de siglo, pero no lo necesito… tengo mi cuarto de cama, que es mucho más divertido que cualquier cuarto de siglo.
Queda usted invitada a ser despojada de sus ropas, sus dudas y sus vergüenzas si es que todavía le quedan…

Que se pudran de celos aquellos que me ven derrochar las gracias que no quiso darles el cielo.

5 comentarios:

  1. Pero no hay mejor descripcion de su ser en este relato! No puedo decir lo mismo de la muchacha...ya que es anonima.
    MB V

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  2. Muy lindo comienzo de historia! Muy parecido a usted, el hombresito de la historia tambien jeje ahora.. quien sera esa imaginada mujer, no? jejeje...

    Apurale al puño vida.. invocate a tus musas.. pero continuame la historieta; no nos vas a dejar asi a tus fieles lectores... =D

    Bueno querido kordoba!
    seguiremos comunicados por otro medio!
    Muuuua!!

    Flor..

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  3. Emit's!! Como siempre, un placer queridoooo!!
    Que tan inventada es esa historia que relata??

    Besotes!!

    PD: tenes q mandarme los links para descaragar lo que estuve leyendo el otro dia!!

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  4. Parecia sabato al pcicio y tan kordoba a final... segui asi... un placer leerte..., digo.. la señorita de las tres décadas... tendra el placer de leer estas lineas??.. jeje...

    leer tus notas es como el guion de la guerra de las galaxias george lucas.... al final de todo te cuenta el pcipio de la historia...

    te mando un besoote!!!... escribi mas seguido!!
    clari

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  5. Sin palabras..... solo este suspiro que nacio desde lo mas profundo de mi alma. amote mas que mucho...

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